La soledad es una musa muy generosa

LA ESPUELA / LAURA JORGE, CREADORA DE JOYAS

«La soledad es una musa muy generosa»

«Hacedora de sueños, escultora de ideas, amante de la naturaleza y buscadora incansable de lo original». Son las pinceladas con las que se autoretrata esta burgalesa del 78 que vivió su infancia y adolescencia en Covarrubias. Tras pasar por la Escuela de Artes Aplicadas de Palencia y completar su formación en Madrid, La Granja y Florencia, abrió su propio estudio en la calle Laín Calvo, donde desde hace 15 años convierte en realidad los deseos de sus clientes por muy difícil que se lo pongan.

Laura Jorge, en su taller. - Raúl Ochoa

 

Laura Jorge, en su taller. – Raúl Ochoa

Respuesta- Había una vez una niña que jugaba con las piedras, buscaba fósiles y estaba todo el día en el campo viendo animales; una niña a la que lo que más le gustaba era estar en el río, aunque le riñera su abuela: ‘pero que te van a hacer algo, todo el día por ahí tú sola’.

P.- ¿Qué le susurraba el río?
R.- Que todos hemos sido agua antes.

P.- ¿El agua y el fuego se llevan bien?
R.- Sí, para mí se llevan bien todos los elementos.

P.- ¿Qué fantasía se le resiste?
R.- La escultura en piedra.

P.- Mariquitas, estambres, estalactitas, fuego, frutos rosas, flores, ramas… ¿Cuánto paga a la naturaleza por todos sus préstamos?
R.- Siempre le doy las gracias y tiene todo mi respeto.

P.- ¿Considera que así está bien pagada?
R.- Si hablamos desde el punto de vista consumista, además soy más que exigente conmigo misma a la hora de reciclar. Soy una exagerada, aunque ahora muchísimo menos de lo que fui. Antes, hasta aprovechaba los papeles de las tabletas de chocolate por detrás para hacer los apuntes.

P.- ¿Qué piedras encontró en el camino y no le inspiraron nada bueno?
R.- Gente que te pone la zancadilla o te opaca. Son cosas que no me inspiran porque no entiendo por qué se hacen.

P.- ¿Cómo es la musa llamada soledad?
R.- Muy generosa.

P.- ¿Se ha topado con alguna en la ciudad?
R.- Burgos es una ciudad muy verde y, por ejemplo, me gusta mucho La Isla y las piedras, los edificios, pero prefiero el campo.

P.- ¿Las joyas son de temporada?
R.- No.

P.- A la primavera la queda bien…
R.- Todas, sobre todo las que tienen buenos colores y son grandes.

P.- Pero parece que en Burgos no abandonamos el invierno… ¿Cuál le ponemos?
R.- Al invierno de Burgos le sienta bien el metal solo o piedras muy neutras como perlas negras.

P.- Qué piedra fue un hallazgo…
R.- La turmalina. Tiene unos colores que me gustan muchísimo.

P.- ¿Cuál nunca falla para llevar a la novia al altar?
R.- Aguamarinas, diamantes y morganitas.

P.- ¿Es verdad que un diamante es para siempre?
R.- Sí, cuando tienes diamantes ya no te pones otra cosa, te cuesta, a mí, por lo menos. A una amiga le pasó lo mismo.

P.- ¿Atrapa?
R.- Dicen que da claridad mental.

P.- ¿Da fe?
R.- A mí sí. Yo llevo uno por cada hijo (señala sus orejas) y ya no me pongo otros. Antes me hacía pendientes con bombillas y cosas de esas, pero ya no.

P.- ¿Se ha hecho mayor?
R.- Sí, un poco (lo dice con pesar). Es mucha energía la que requiere tener esto abierto pero ahora estoy en transformación absoluta.

P.- Hablábamos de la novia, pero ¿y si se trata de convencer al novio?
R.- Necesito ver a cada hombre y entonces sé lo que necesita. Hay hombres a los que parece que no les va a gustar una joya, pero los tengo delante y digo ‘pues igual unas perlas negras en los gemelos, o unas monedas romanas, o un anillo de oro blanco, o un diamante en el centro’. En España, los hombres no tienen cultura de joyería. Aunque hay excepciones. Yo tenía un amigo que me compraba broches de mariposas y se los ponía en la austriaca.

P.- ¿Por qué no existe esa cultura? ¿Qué hace falta para que un hombre entre en su establecimiento?
R.- A muchos hombres les gustan las joyas y se las compran a sus mujeres para verlas ellos, pero no para ponérselas.

P.- ¿Hay alguna piedra infalible para perdonar una infidelidad?
R.- No hay ninguna. No creo que una mujer pueda perdonar una infidelidad por un regalo.

P.- ¿Y una para una hija despistada por el Día de la Madre?
R.- Cualquier regalillo le vale a las madres.

P.- Esta sociedad estresada debería llevar colgada al cuello…
R.- Un cuarzo rosa porque tranquiliza, da paz y amor.

P.- ¿Cuándo se verá así?
R.- Ya lo estamos viendo. Muchos ya se han dado cuenta de que esto no va bien y se está cambiando. Yo lo veo. Cada vez hay más gente consciente de cómo está el mundo, de lo que quiere en su vida y de lo que no.

P.- ¿Cuenta piedras para dormir?
R.- No (ríe). No sueño con piedras, pero casi.

P.- ¿Hay alguna a la que se muere por acariciar y se hace la arisca?
R.- La alejandrita, la he visto muy pocas veces. Se da en los Montes Urales y alguna en Brasil, pero son súper caras, solo una vez traje una a un cliente que me la pidió, pero era pequeñita, no una gorda, que es la que me encantaría ver. ¿Otras? La esmeralda trapiche, que pronto la voy a tener, es una formación muy rara.

P.- ¿Qué brillo la destella?
R.- La buena gente.

P.- ¿Le deslumbra más el sol o la luna?
R.- El sol, me gusta más la luz que la oscuridad.

P.- ¿Seduce más un pedrusco o una piedrecita?
R.- Una piedrecita.

P.- ¿El tamaño no importa en este mundo?
R.- Sí importa, sí (ríe). El tamaño importa mucho en joyería, sobre todo por el precio.

P.- ¿La joyería es la hermana rica de la bisutería?
R.- No, ahí hay una confusión. No está bien definida la línea que separa a una y otra. En la joyería, aunque no es mi caso, parece que los diseños sean menos atrevidos y los materiales son nobles. Competimos ambas.

P.- ¿Se pueden llevar bien?
R.- Se están llevando bien por narices. La gente se lía mucho. Si ven colores ya creen que es bisutería o fantasía y no es así. Hay poca cultura de joyería de la buena.

P.- Dice que se tiene a la joyería por menos atrevida, pero no está de acuerdo…
R.- En mi caso no, y por eso me cuesta más entrar, estoy educando todo el día.

P.- ¿Cuál es el sueño personal que no acaba de bruñir?
R.- Ya no bruñir, es que aún no lo he empezado, sería la escultura en piedra.

P.- Lo más raro que le han pedido…
R.- Me han pedido cosas rarísimas. ¿La última? La corona para un rey mago de un Belén Napolitano. Aquí viene mucha gente porque les dicen ‘si no te lo hacen aquí, en ningún sitio’.

P.- Es hacedora de sueños imposibles…
R.- Mucha gente se queda asombrada y me dice ‘has hecho un milagro’. Me lo decían más al principio. Ahora los clientes se han acostumbrado.

P.- ¿El primer milagro que obró?
R.- (Piensa). Reciclar oro, lo fundí y forjé yo y como no tenía las herramientas adecuadas lo hice con un yunque y un martillo.

P.- ¿Cuánto se inspira una rachela de las cerezas?
R.- ¡Mucho! Yo hago la Cereza de Oro que entregan en Covarrubias todos los años.

P.- ¿Qué tiene de titiritera una joyera?
R.- Todo. Soy titiripeuta.

P.- ¿Titiripeuta?
R.- Me he acordado de Fidel Delgado, un súper terapeuta especializado en acompañar a la gente a la muerte. Y es que soy tan accesible, tan cercana, que, a veces, la gente no te toma tan en serio, pero yo aprendo mucho.

P.- Su talismán es…
R.- No tengo de eso. Vendo talismanes, pero no llevo. En casa del herrero…

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